¿Cómo limpiar correctamente con lejía?

Última actualización: 03.12.21

 

La lejía es uno de los imprescindibles del hogar cuando de higienizar se trata. Es un producto que, si se utiliza adecuadamente, no solo brinda efectos positivos en el mantenimiento de algunos tejidos y en la eliminación de malos olores, sino también en la reducción de elementos potencialmente peligrosos, como bacterias, hongos y virus.

 

Al diluir en agua el hipoclorito de sodio se obtiene lo que es la lejía. Un producto que se encuentra generalmente en una presentación liquida de color claro entre verde y amarillo; el cual, por años, ha sido en muchos hogares el desinfectante y blanqueador empleado por excelencia.

 

Beneficios de la lejía

Al emplear un desinfectante con lejía lograrás higienizar muchas superficies, pues al entrar en contacto con las manchas, suciedad e incluso malos olores, rompe la cadena de moléculas que forman a las bacterias y a los mohos que las causan. Este producto cuenta con la capacidad de soltar oxígeno activo, para erradicar y descomponer las proteínas que mantienen a los microbios activos.

En los cuartos de baño, al ser una habitación húmeda, tienden a aparecer hongos manchando las superficies. La lejía al actuar como desinfectante y al mismo tiempo blanqueador es un buen aliado para limpiar estos ambientes. Solo con dejar que actué durante algunos minutos las zonas con suciedad pueden recobrar su aspecto original; incluso al utilizar lejía con detergente se potencia su acción limpiadora.

Igualmente, se podría aprovechar su habilidad blanqueadora para quitar manchas en las prendas. Pero ello dependerá de que el textil sea compatible con este producto, lo cual debe estar reflejado en su etiqueta.

Por otro lado, no deja de ser un producto de limpieza eficaz para acabar con la suciedad y los malos olores propios de la cocina. Los cuales, son generados por los restos de verduras, frutas y demás alimentos, así como también por la humedad.

Asimismo, este producto también ha sido utilizado como desinfectante alimentario. Pero, para limpiar las verduras y frutas no se debe extremar el uso de la lejía. En este caso, la Organización Mundial de la Salud aconseja su disolución en agua, a razón de 2 ml de lejía por cada litro de la misma.

Errores comunes que se comenten

 

  1. Añadir una gran cantidad de lejía

Ciertamente, resulta lógico pensar que mientras más cantidad del producto se aplique mejores serán sus resultados. Sin embargo, podrías exponerte al peligro, dado que las posibilidades de sufrir intoxicación, alergias u otros riesgos a la salud son inminentes dada la naturaleza química de la lejía. Por ello, es importante que utilices una correcta proporción de lejía y agua para desinfectar cualquier zona que desees. Para tales efectos, la OMS recomienda mezclar 130 ml de lejía con 870 ml de agua.

 

  1. No utilizar implementos de protección personal

Este producto es altamente irritante y corrosivo, no en vano el pH de la lejía es de 13, por tanto, es factible que produzca sequedad en las manos ante el contacto directo, además de impregnarse con su olor característico por un largo tiempo, a pesar de ser aclaradas. Para evitarlo, lo fundamental es utilizar guantes y lavarlos una vez terminada la tarea. Asimismo, dada su capacidad corrosiva este producto podría manchar la ropa de color. De ahí, la necesidad de utilizar un delantal o evitar limpiar con la mejor prenda.

 

  1. Dejar la lejía en agua

Es importante tener presente que la lejía pierde su eficacia pasadas unas cuantas horas; aun más si es diluida en agua con anticipación a su uso, ya que tiende a evaporarse, además de coger mal olor. Por lo tanto, lo mejor es preparar la lejía una vez que se vaya a utilizar.

 

  1. Optar por agua caliente

Al igual que en el caso anterior, al preparar la lejía con agua caliente este producto pierde sus propiedades y se evapora. Todo ocurre por efecto del calor, de modo que lo adecuado es emplear agua fría o del grifo para realizar la mezcla.

 

  1. Acortar el tiempo

Aunque la lejía se evapore con el paso del tiempo, es indispensable aplicarla y dejar que actué. Una vez que se impregna un paño con el producto y se pasa por toda la superficie que se desea limpiar se debe esperar mínimo un minuto antes de retirarla.

 

  1. Realizar mezclas entre productos

Desiste de preparar un desinfectante casero con lejía u otros productos. Procura sólo agregarle agua, ya que no se debe combinar con alcohol, vinagre, amoniaco u otros productos químicos. Al realizar esta mezcla se da la posibilidad de crear gas de cloro, que no es más que un producto tóxico y, por tanto, peligroso para ser inhalado.

  1. Utilizarla en espacios sin ventilación

Ten cuidado de inhalar los vapores que desprende el producto por sí solo, ya que tus mucosas nasales se podrían irritar. De ahí, la importancia de emplear este producto en espacios abiertos. De no ser posible, es necesario utilizar un ventilador o abrir las ventanas.

 

  1. Remojar los alimentos sin precaución

Al emplear lejía para desinfectar los alimentos como frutas y verduras, debes verificar por anticipado, en su etiqueta, que sea apta para desinfectar el agua de consumo. Asimismo, deberás asegurarte de emplearla a una concentración menor a la utilizada para limpiar las habitaciones. Por último, evitar remojar las verduras y frutas en el producto por largo tiempo. Como máximo podrían durar cinco minutos y después se deben aclarar con abundante agua.

 

  1. Utilizar la lejía en todos lados

Antes de impregnar todos los rincones y equipos de tu hogar con la lejía, procura revisar las recomendaciones de los fabricantes. Dado que este producto es altamente corrosivo, puede afectar la apariencia de objetos con revestimientos cromados, aluminio, acero inoxidable e incluso algunos plásticos.

 

  1. Desinfectar sin antes limpiar

A fin de lograr una limpieza eficaz, antes de limpiar con la lejía tendrás que pasar por la superficie o los objetos una bayeta o paño húmedo para quitar el polvo.

Finalmente, queda acotar que gracias a la industria química podemos encontrar la lejía en diferentes presentaciones y concentraciones acordes a nuestras necesidades diarias. Ahora bien, está en nosotros el buen uso que le demos a la misma.

 

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